jueves, 5 de mayo de 2016

La luz al final del túnel 

Aparentemente , todo está bien.Todo es normal. Mi rutina, mi familia, mi trabajo, mi casa…



Día tras día voy sintiendo punzantes miradas de odio hacia mí, palabras de aborrecimiento que me aprietan el nudo  en la garganta. Intento digerir juicios no constructivos de gente que nunca ha construido nada. Y mi piel poco a poco se vuelve más fina.

Mi mente me engaña. Las malas consejeras llevan el foco de mi atención sólo a esta minúscula parte de mi vida. Me olvido de todo lo demás, de las sonrisas, de los “te quieros”, de los “eres valiente, te admiro”. Me olvido que tengo una familia adorable, un trabajo que hago bien y una casa ya pagada que nadie me  va a quitar. Eso no importa para mí. Me centro sólo en que alguien  no le ha dado un like a una foto de mi hijo. Me centro sólo en que me han gritado y humillado en público por un malentendido económico ( las restas nunca fueron lo mío). Me centro también en el calor que hace y en las enormes cicatrices que se me quedaron tras mi última gran auto lesión hace ya 5 meses. Voy saltando de un pensamiento a otro como la pulga salta de perro en perro. Yo a esto lo llamo el efecto Tarzán, algunas que me conocéis sabréis de qué hablo…

Salto, salto y salto a una velocidad vertiginosa; la caída es inminente.

Así navego día sí y día también, atrapada en este círculo vicioso, a la deriva entre tempestades y mares en calma.

¿Dónde está la mujer fuerte que decía : ABLANDA, TRANQUILIZA Y PERMITE? ¿Dónde se ha ido mi compromiso de cambio? ¿Y mi voluntad? ¿Es todo parte de esta enfermedad, o será verdad que soy mala persona y me merezco lo peor?

Puede que mi piel esté hecha de un cristal tintado. Puede que desde fuera no se vea lo que realmente siento por dentro, o no se ve lo que soy en realidad. Puede que la tinta esté invertida y la que está confundida en realidad soy yo. ¿Quién me lo asegura?

No tengo ni tendré respuestas jamás. Lo que sí tengo hoy es aire en mis pulmones, mil y una ideas  en mi mente que convierto en palabras para quien quiera leerlas, ¡y ganas!, muchas ganas escondidas en algún rincón de mi ser de volver a sentirme mariposa y ver el mundo con colores vivos sin cristales que lo tinten.


Verónica E R 

domingo, 17 de abril de 2016

DÍA DOS - NADANDO A LA SUPERFICIE

DÍA DOS - NADANDO A LA SUPERFICIE

"Incompresibles y cabezotas  ángeles de la guarda. Planes fallidos que replantean - gracias al cielo - nuestra existencia.

Comparto porque tengo el deber de compartir. Expreso porque puedo, porque quiero, porque sé." 




Aunque  recientes, son borrosos los recuerdos, tergiversados por un macabro cóctel de sentimientos, mayoritariamente culpa y desesperanza.  

Día dos. Estoy respirando, sonriendo, mirando a mi alrededor. Veo colores a través de mi ventana y me pregunto si los demás los percibirán de la misma manera que yo...

Día dos y sigo siendo la misma persona excéntrica, la que se pregunta lo que muchos no hacen. La que siente cosas que otros pasan por alto.

Advierto además el desastre de mi vida con los conocidos ojos de mi propia autodestrucción. Lo que he derrumbado, lo que he convertido en lodo, lo que he podido y no he tenido el valor de llevar a cabo...

"¡No!" - Me sacudo las pulgas otra vez . "El universo que observas está más ordenado que antaño, más de lo que crees, y más- si me permites la odiosa comparación - que otros muchos que conoces. Sé amable y ablanda."

Mi vida ahora está alumbrada por un gran foco como el que vemos en  los teatros. Lo llevo encima. Lo siento encima, noto su calor. ¿Será el halo o aura de un ente mágico?. No lo sé... Pero me enfoca  sólo y exclusivamente a mí, ayudándome a centrarme en lo que verdaderamente DEBE   importarme.

Con una amiga traviesa, me escapo distraída, atrapada en las mentiras de otros, en las heridas que otros causan con sus juicios , con lo que dijeron o callaron, con lo hicieron o dejaron de hacer . Mi amiga traviesa "autosabotaje"  me incita a correr allá donde el foco no alumbra, de la misma manera que cuando tenía catorce años "amigas" me invitaban a fumar o a beber a escondidas y la tentación era demasiado poderosa. El poder de lo oscuro, de lo cómodo, de dejarse llevar. 

Pero el calor de la luz me sigue, pues aquí sigo.  

Sigo mirando a mi alrededor y haciéndome preguntas absurdas dos días después, cuando creí estar segura que hacía un favor a "la humanidad"  y que una retirada a tiempo era siempre una victoria.  

Sigo aceptando  a tropezones que me he equivocado después de jurar que lo sabía todo.

Y ahora busco la superficie. Por suerte,  desde el fondo sólo se puede ir hacia una dirección,  y el impulso lo busco en mis piernas temblorosas, acuchilladas pero fuertes.  Alcanzaré el oxígeno de la superficie ¡Oh sí!. Nadaré hasta arriba utilizando mis brazos cicatrizados , empleando cuan energía me quede, aguantando la respiración si hace falta  incluso cuando en ocasiones me falte el aire.

Y cuando mi cabeza vuelva a estar respirando aire limpio y puro, y mi cuerpo cómodamente a flote, entonces... entonces ése ya será día tres.


Hoy es día dos. 

Verónica E R 

miércoles, 13 de enero de 2016

Jaque al peón

Manipulada por una mano gigante, invisible, sobre este tablero inclinado, veía las fichas alrededor mía, gigantes, poderosas, amenazadoras.

No soy más que un peón gris en un universo cuadriculado. Todo aquí es o blanco o negro. Este es un mundo en el que no encajo, nunca lo hice;  no sé cómo he llegado hasta aquí, si no sé nada de estrategias, no sé nada de alianzas.

Estoy sola y rodeada de extraños. La rigidez me invade y no puedo avanzar. ¿Dónde está ahora esa mano que me guiaba contra mi voluntad? Siento estar bajo un ataque constante y no puedo resetearme. ¿No podría volver a empezar? En realidad, no sé qué quiero...

Ojalá pudiera ser la reina, la popular y preciosa reina coronada por todos los aquí la defienden y admiran. O el valiente caballo lleno de vitalidad y en el que todos ciegamente confían. Incluso una fuerte y firme torre sería mejor que estar aquí, al frente de la nada como es mi caso ahora. Al menos todos ellos tienen una función en este macabro juego.

No tengo rumbo, ni equipo, ni por supuesto un significado. ¿Cuál es mi función aquí pues? ¿Dar la cara y sacrificar mi "vida" para ... quién?¿Para qué? ¿Simplemente romper el hielo y permitir que las figuras que de verdad importan hagan su labor? Y...¿qué labor es esa? Quiero ser parte de ese algo que hace a todos avanzar.

Todos mis compañeros parecen cumplir lealmente con su misión en el tablero. También es cierto que todos pertenecen a uno u otro bando. ¿Qué hago yo aquí? ¿Quién me sacó del cajón desastre? Quiero volver.

Estoy en el punto de mira. Sé que me van a atacar. Sé que no me queda mucho tiempo aquí, pero no sé cómo - o si debo - defenderme.

Entonces veo a un rey caer. Lo veo rodar y sufriblemente cae a la caja de donde salió. No era yo el objetivo.

El tablero se vuelve a llenar de piezas firmes y dispuestas a darlo todo: amanece un nuevo día. Una nueva oportunidad para jugar; contracorriente, sí, pero sin el imaginario temor del jaque a un peón.

Verónica E R

domingo, 26 de abril de 2015

MIL VECES


Mil veces,siempre lo mismo.


Sola  aquí con mi tecnología: 
mil veces bajo a las llamas; 
esa pura y  conocida agonía. 
Mas mil y una más las apago 
con silbidos entonados
que recuerdan melodías.  




Maldita seas, espiral de emociones, de la  que siempre me  he creído enemiga. Ahora, bah, me agarro a ti para sentirme viva; y alejarme a remo lento de  la tierra firme, tierra putrefacta de falsedades e hipocresías. Malditas seáis, amigas ilusiones; me hacéis mucho mal.

Me aferro al remo. Me quemo. Me  alejo de todos.Ya no puedo más. A mi paraíso de sueños y pensamientos mágicos me dirijo. Lloro sola – sé que no es el camino a seguir, pero no hay tiempo para el odio. No hay fuerzas para otros recursos, no para palabras, no para rastrojos ni escombros que sirvan de excusa. El abandono y yo ahora somos uno. Vamos a la deriva, mi enfermedad y yo. Mejor así. Mejor solos. Sin molestar...

¡Basta! – me grito al oído. Vuelvo a abrir mis ojos hinchados  tintados de negros del rímmel de ayer. Mil y una vez despierto  de las profundidades, aunque  demasiado tarde, perdiendo la piel y las uñas en la escalada hacia la claridad. Llorando, aullando cual loba herida. Demasiado tarde, demasiadas horas a la basura, demasiada historia perdida… ¿Quién me devuelve ese trozo de mi vida?

Mil veces caí en las tentaciones de la irracionalidad, la auto tortura y sabotaje. Me envuelvo en mi no tan gruesa capa protectora cuando atacan. Porque ,¡oh…atacan…! Lo escucho, lo leo, lo noto. ¿Por qué?¿Por qué atacan? ¿Por qué no empatizamos? ¿Acaso no somos conscientes del potencial daño que hacemos?

Sólo quiero lo que deseas tú: respirar paz. Pero cristales caen por doquier, y me siento desprotegida ante la ácida lluvia de realidad sobre mi piel, que me abrasa de nuevo. Gotas de hostilidad corren por mi frente. Voces puntiagudas caen sin dirección pero se clavan en mí, desgarrándome las entrañas. Críticas, juicios, opiniones que se convierten en un malestar que no sé - nunca he sabido- gestionar.


Mil y una vez he salido de remolinos peores, y supongo – y espero- que esta ocasión no sea diferente. 

Verónica E R 

domingo, 29 de marzo de 2015

Auto-sabotaje

             Auto-sabotaje

No entiendo nada. Aunque en el camino tambaleaba, me dirigía al norte. Hoy siento de nuevo las heridas de mi propio abandono. Me flagelo con el látigo de las mil y una excusas para no hacer lo que debo hacer. He buscado de nuevo la correa de castigo.

Lo hice simplemente por ser como soy, por ser quien soy. La había escondido en el baúl de la vida normal y tranquila. La había metido dentro de una cajita que ponía “no abrir”. Pero la abrí sin pensar, y con manos temblorosas empecé a golpearme insultos. ¡Oh, auto-sabotaje, bienvenido no seas…!

Yo: Eres incapaz de encajar. Tu impulsividad y dejadez te ha llevado a esta soledad de la que continuamente te lamentas. Es tu culpa que no eres ni tienes nada.

Yo: No hables de culpa, te han traído aquí. Y aunque ya no importa, puesto que eres tú la que  has de salir de la oscuridad, hay demasiados “tus” que te indican, te apuntan con el dedo, te salpican. Tu piel, mi piel no es lo suficientemente gruesa. No lo soporto, no puedo, no sé, me duele vivir…

Tú: No digas eso. Vales mucho, no te das cuenta. Cuando lo veas tendrás paz. Además, lo estás haciendo muy bien. ¿Acaso no lo ves?

Tú: ¿Qué trastorno? Piensas demasiado en todo. No tienes ninguna enfermedad. Eres sólo una niña mimada. Crece ya y deja de quejarte por todo.

Yo: Tienes razón. Tenemos razón. No hay nadie a quien culpar más que a mí misma. Mi látigo es mi mejor amigo. Lo necesito para ponerme en mi lugar.

Tú: ¡No! Estás siendo arrastrada de nuevo por tus malas consejeras.


Sigo sin entender nada. Tambaleo y caigo. Y a pesar de que me levanto mil veces, mil veces también me auto perjudico. ¿Cuánto tiempo aguantaré en la cuerda floja?¿Cuándo dejaré de buscar mis armas de autodestrucción?

Verónica E R

lunes, 15 de diciembre de 2014

ELLOS SE OLVIDAN

ELLOS SE OLVIDAN…..tienen su vida.

Yo me levanto, me despierto a veces tarde. Ahí va la vergüenza, vergüenza que me pesa, me pesa tanto….

Me levanto al fin, las pastillas, y las gomillas para las muñecas.  Mis muñecas enrojecidas, en carne viva. Ellos se olvidan de esos momentos que vivo de humillación conmigo misma, de transición, de “seré o no seré enferma”. Momentos de: - Venga, va, póntelas. Oculta quien eres. Vive “normal”. Ellos lo olvidan...

El peso del aire al respirar, la angustia de ver las fotos colgadas de mis hijos en la pared. Y a la vez… quitarme las “pulseras, mirar, y decir “¿por qué?” … Eso lo ignoran, o lo olvidan.

OK. Ducha fría. Ablanda. Tranquiliza. Permite. Me calmo. Café, si hay. Ritmo de vida “normal”. Sólo con un “más”, sólo con un plus; un no querer despertar de una historia de la que desconfío. Una que sólo yo, por lo visto, veo. Lloro, lloro y lloro. Duele, porque quema saber que ya olvidaron las cucarachas y bichos que corrían por mi piel aquella noche que escapé al cementerio buscando a no sé quién. Aquella tétrica y patética noche en la que fui rescatada por policías y ambulancias en pleno campo santo. Vergonzoso y apestoso espectáculo que yo no olvido, no. 

Pero abrasa saber que sigo al borde afiladísimo del fin de mis días. Y en este puto país de mierda, al menos que tengas una enfermedad que sea vista, oída, olida, y/o tocada, te dicen: – va corre y mueve el culo, que todos tenemos problemas, no está solo el tuyo-.

Muy bien, pues aquí estoy de vuelta,con mi culo en movimiento, mi mochila cargadita, haciendo lo único que sé, (quejándome o escribir, depende de cómo se quiera “oir”). Portavoz de los olvidados, de los que habiendo sido diagnosticados una enfermedad mental por profesionales de la salud, seguimos una vida en apariencia normal, y se nos trata como tarados.

He hablado. 

Verónica Espinosa Ramírez

domingo, 15 de junio de 2014

BATALLA PERDIDA

Sentado en el sofá con los codos apoyados en las rodillas, David se mira su mano derecha. Intenta cerrarla pero está demasiado hinchada.  La peor parte se la ha llevado el nudillo del dedo corazón, tiene una herida que llega casi al dedo índice, que no deja de sangrar. 

Levanta el codo y deja la mano gotear, mira casi hipnótico las gotas espesas caer al suelo. Siente pena pero también odio hacia él mismo a esas horas de la noche, de la madrugada. Quiere odiarse más, quiere castigarse más. Mira a su alrededor y ve el desastre que ha hecho en el salón. Eso ayuda…. ahora siente asco.

Botellas de cerveza por el suelo, algunas sólo se presumen pues están hecha añicos. Puertas rotas, ventanas sin cristales. Color rojo oscuro por las paredes del bonito piso que se suponía iba a ser su retirada de lo “malo”, su oasis de tranquilidad, fuera del área  oscura; un nuevo comienzo. David no entiende nada, “Esta situación cada vez es peor, soy incapaz de salir de este pozo. Incapaz de nada. Sólo soy capaz de desajustar mi vida y la de lo demás.  Entonces, ¿ para qué seguir?.“

Coge el teléfono móvil, la pantalla borrosa por la sangre seca acumulada. No sabe a quién llamar, a quien acudir a estas horas. “Mierda de todo, mierda de vida”. Haciendo eses llega hasta la nevera, coge una nueva cerveza que destapa con los dientes, da un nuevo trago. Y otro más. Mira al frente, sin mirar a nada. Las venas de las sienes se le hinchan de nuevo, su corazón se acelera,  sus ojos se inundan, y su corazón muere de pena… “¡No!, la pena no, ¡joder!” Da un último trago y lanza la botella con líquido aun dentro contra la puerta de un armario, para justo después ir a rematar la ya quebrada madera con su puño dolorido. “No, no, nooo”. Una y otra vez pega David la puerta con sus manos, con su cabeza, con su alma. Llora por su impotencia, por ese dolor que no entiende, por esa furia que no encauza pero desea aniquilar. No quiere ser así. No quiere David hacerse daño a él ni a los demás que están a su lado. No es David una mala persona.

Su mente le engaña, como tantas y tantas veces ha pasado.

-   Demonios: “Ps, ps ¡Hey! David. Mira, lo que estás haciendo, chaval. A ti mismo, al piso, a tu familia, a tu novia. ¿No es mejor acabar de una vez por todas?”
-     David: “Pero es que yo...”
-    Demonios: “Ni peros ni nada, sólo tienes que mirar tu vida, lo que has hecho. Cuánto daño causas.”
-    David: “Mentira, a mí me quieren y también yo soy capaz de amar. Puedo salir de ésta. Tengo fe. TIENEN fe en mí… me queréis confundir.”
-    Demonios: “jajaja ¡ILUSO!, Te confundes tú sólo. Dependes de mí para ser persona. Eres mi juguete, mi marioneta. Sin mí, sin la ira y el odio que te alimento no eres nada, NADA.”

   David vuelve  a coger el teléfono. Su cabeza da vueltas y apenas puede teclear las letras. Quiere decirle a su novia que lo siente, que lo ha intentado pero que sus demonios le han ganado la batalla.

Manda el mensaje con las manos frías y la mirada perdida. Manda el mensaje convencido de que ha sido abandonado, y de que ni su novia, ni su familia, ni nadie en este mundo lo tomarán en serio por sus palabras mal escritas. Manda ese mensaje muy equivocado. David ha perdido la batalla. 


Verónica E R 

domingo, 8 de junio de 2014

Eternamente Incomprendidos

La eterna incomprendida por lo que digo o callo. Desagradecida por  que me quejo o por lo que anhelo. Debo empatizar y tragar… de un modo un poco dramático y exagerado, lo acepto, pero es así.



Vaga, perezosa, promiscua, torpe, “locares”… A los ojos de los “normales” soy o puedo ser muchas cosas menos una enferma mental. No cuadra un diagnóstico como el mío en mentes tan pequeñas como las que me encuentro en los tiempos que corren. Para algunos, creáis o no, si no tienes síndrome de down, esquizofrenia, autismo  o similar, no eres un enfermo mental.  

Cuando me dirijo a Salud Mental y presiono el botón de la QUINTA planta en el ascensor, hay aun quien me mira con recelo… Otras personas van al psicólogo con vergüenza. Es algo que se escapa a mi entendimiento. Llamadme ilusa. 

Cuesta. Cuesta mucho sobrellevar este trastorno, en gran parte por la GRAN INCOMPRENSIÓN a la que somos sometidos y el gran TABÚ que rodea el tema TRASTORNO LÍMITE, y otras enfermedades "que no se ven". 

Somos etiquetados, estigmatizados, torturados casi por no poder llevar el peso de la vida a nuestras espaldas. Ese peso que os pesa a todos, sí. Lo sé. Pero que os aseguro,  ahora que  sobrellevo bien mi enfermedad, ahora que me levanto por las mañanas y con mucho orgullo le puedo poner un cola cao a mis hijos y llevarlos al colegio; os digo - ahora-  que cuando uno se enferma y está mal, no se soporta ese peso tan sumamente asfixiante.

Hoy por hoy, con mucho esfuerzo por mi parte, de mi familia, de los grupos cerrados de Internet (compuesto por gente estupenda) y sobre todo de los maravillosos profesionales del centro de Salud Mental de Jerez, estoy muy estable y con proyectos de futuro. Quién me ha visto y quién me ve…

Desde esta estabilidad (mental….) os aseguro:

- A los borderline,  que SE PUEDE SOBRELLEVAR el trastorno. Curar o no curar, ese es otro debate. Pero es posible una vida normal.  

- A los familiares, que el apoyo es INDISPENSABLE. 

- A todos en general, este trastorno es real. No estamos intentando manipular a nadie ni llamar la atención. Créannos, los que más sufrimos somos nosotros: no nos compensaría. Un apunte, fijémonos en la gente de nuestro entorno. Quizá la próxima vez que veamos a una persona con cicatrices en los brazos pensemos diferente sobre él o ella. Quizá la próxima vez que advirtamos a un “borracho” tirado sucio por la calle  nos paremos a reflexionar que detrás no sólo hay una persona que no ha dado un palo al agua en su vida y “se merece lo que tiene”. A lo mejor hay más… Quizá cuando veamos a una chica extremadamente delgada no emitamos juicios sin pensar que muy seguramente también hay un problema mental y no el capricho de la extrema delgadez…

No intento ser más valiente que nadie, ni busco elogios (ya me los doy yo, no tengo más remedio). El comienzo de mi recuperación también coincide con el de este blog. Me consta que mis terapeutas me leen y me llena de orgullo que me animen a seguir, pues apoyan mi lucha de intentar lo imposible: que el TLP pueda ser mejor entendido de una forma menos médica tanto por pacientes como por “normales”.  

Verónica E R


domingo, 1 de junio de 2014

Castillos en el aire




Castillos. Castillos en el aire construimos de la nada. Arriba en lo alto perdidos flotan, se pierden, nos perdemos allí con ellos. Castillos de nube blanca tan enfermizos y débiles que con el aliento de palabras sinceras se derrumban por completo. Castillos peligrosamente caricaturizados, desde nuestra realidad, deformados pero bellos. Extremadamente altos, la caída al vacío podría ser fatal.

Pozos. Pozos profundos cavamos de la desesperanza. Abajo, cuando ya hemos caído en el abismo más denigrante, allí revolcamos nuestra estima. Pozos recónditos tan enfermizos y húmedos que ni la más cálida palabra de aliento nos logran sacar de allí. Pozos peligrosos y escondidos de los que muchos casi no hemos salido, y muchas más almas allí siguen en la eternidad.

Verónica E R. 

viernes, 30 de mayo de 2014

Mi reino, mi infierno.



Mi cama, mi refugio, mi reino, mi infierno.

Nadie a quien recurrir. Todo esto es por mí.

Susurran, murmuran, dicen, señalan. – Todo esto es por ti.-

Sí. Todo esto es por mí; por no saber  guiar los signos de mi cabeza, por no saber escoger las nubes blancas y dejar que las negras arañen mi espalda con esta merecida tormenta.

Todo  esto es por mí; es el karma por haber nacido en piel maldita, piel blanca y de colores chillones que asustan a cuantos tocan su desagradable fulgor. Me río de ello; vuelvo la cara y lloro de soledad en mi cascarón: mi cama, mi envoltura.


Algún día  ¡algún día! seré mariposa. Y tendré colores bonitos que no asusten. Y podré volar aunque sea por un día.  Pero hoy soy gusano. Un pobre y repugnante bicho que se arrastra a la más mínima dificultad en mi cama, mi refugio, mi reino, mi infierno.


Verónica E. 

miércoles, 28 de mayo de 2014

Ausencia




De la nada, como todo; adoración, abandono, ausencia, soledad... Soledad: abigarrado vacío henchido de acíbares que roban el sentido al continente; el vacío que ya no es. Amor desatendido que fluye, no cesa, se pierde en un mar ya conocido; estanco, hediondo, putrefacto, mientras sedientos brotes mueren al sol. Ese mar, mi infierno, es un mundo diminuto colmado de obsesión, desesperanza, dolor y sufrimiento. ¿Quién va a querer acompañarme en él? nadie lo merece... tampoco yo


Mai



martes, 27 de mayo de 2014

PERFILES, ESTIGMAS. Y ODIO.

Cansada de tirar de la cuerda que quema. Voy tirando y tirando de mí misma y del santo perfil que me define como desquiciada. Tiro del dichoso estigma que me señala con dedos de cristal roto. Me duele, no lo niego más. 



Me cuesta la pendiente inclinada de vértigo que subo a diario. Día tras día, minuto a minuto. Me aplasto yo misma bajo este dilema de si soy mi diagnóstico  o no. Me puede a veces esa idea. Me puede hoy…

Hoy tiro de esta absorbente cuerda sobre mi hombro con todas mis fuerzas y acabo agotada de tanta risa falsa que llegan a mis oídos, tanta sátira, tanto teatro. Hoy, señores, me caigo de rodillas, acabada. Y tengo ganas de hacerlo de nuevo. De tirarlo todo por la borda, fruncir el ceño, tensar la cara y cerrar puños. Mirar con  ese odio del que tanto se me han burlado. Señores, hoy quiero ser odiada. Y odiar también lo anhelo. Hacerlo quiero con ganas; pero aquí, en vez, tecleo peleando con teclas que parecen porcelanas -frágiles – en contraste con mi furia. Parece que me resisto a caer del todo…

Cansada –sigo -  de tanto odio que no sé ni de dónde viene ni cómo encauzarlo a veces. Cansada, mucho lo estoy en este momento que parece no acabar. Sin embargo aquí –repito – sigo. Sigo resistiendo sin apenas poder ver letras de entre las gotas de mis ojos. Sin apenas poder ver razones por las que salir adelante aun sabiendo que haberlas háylas.  Escuchando en mi cabeza voces (que no son voces…) que me impulsan a lo ya conocido, que ahora tan dulce y cómodo me resultaría: la evasión, la fuga. Quiero huir, señores. Hoy me siento muy borderline, y quiero huir bajo las mantas de mi desarraigo. Pero aquí sigo…


Verónica  E.  




viernes, 23 de mayo de 2014

El Efecto fusión

Emprendo una vez más fusión entre mujer despiadada y niña triste perdida en el bosque. Mis manos ingenuas parecen encoger, las miro y no las conozco. Estiro los brazos paralelos al suelo, como queriendo agarrar algo o alguien con desesperación. No sé a qué o quién quiero llegar, pero sé que no alcanzo.  Con las palmas abiertas resoplo, miro a las nubes grises arriba, tomo aire y cojo fuerza. Cerrando mis puños y mis ojos a la par,  sale de mí un ensordecedor grito seco que no es otra cosa que un llanto, una queja, un delirio patético de un alma que lamenta haber nacido. “No quiero ser yo. No quiero estar aquí. Quiero salir de mí. Sácame de mi piel”.

La niña se va. Un huracán la tira al suelo, un árbol imaginario de cemento cae sobre ella y la aplasta de un golpe. No se mueve, no respira. Me sustituyo yo misma. Soy yo de nuevo, la abatida mujer malvada al otro lado del espejo, de facciones marcadas y cutis descuidado. La de pelo enredado y maquillaje de ayer. Ésa. Tampoco me gusta lo que veo y cierro  fuertemente mis ojos. Pero no desaparezco, no. Sigo aquí a mi pesar. Me odio a mí misma y estoy atrapada. Ni blanco ni negro. Ni grises ni tonos pastel. No encuentro nada ni hay nada que me pueda agradarme en este instante en este pozo absurdo en el que me he metido yo sola. Deseo morir a cada instante…

                                                           ….

¿Cómo llegué hasta aquí? Buena pregunta.  Con una aun mejor respuesta. Mis palabras favoritas de los últimos meses: EL EFECTO FUSIÓN.  

Se comienza con una idea que me haga sufrir, y me “FUSIONO” me ato, me engancho, me apego a ella cual pulga a perro callejero. Una vez ese pensamiento - digamos alguna discusión, una crítica, algo que no haya salido como quiero o deseo y me genere frustración – se pone “cómodo” en mi mente y “salta” a otro nuevo pensamiento también negativo de manera escalonada. Saltan las ideas de unas a otras, como salta Tarzán de cuerda en cuerda por la selva, con el peligro de caerse en cualquier momento. Si no paro este “efecto Tarzán” a tiempo, caigo sin duda en el peligroso pozo hondo y oscuro del que es tan complicado salir.

Entonces… ¿Qué hago? ¿Qué hacemos los que tendemos a engancharnos a nuestras propia negatividad?

Primero demos un paso atrás, observémonos. Démonos cuenta de que estamos fusionados a un pensamiento negativo que nos genera cierto – o mucho - malestar; y hagámoslo a tiempo, antes de que nos lleve la corriente, antes de que sea demasiado tarde.

Luego, parémoslo. Paremos el curso de ese peligroso río que nos está arrastrando cruelmente al abismo. Sacudámonos el cuerpo si hace falta para “echar las pulgas fuera”. Digámonos en voz alta: “desengánchate”, “des-fusiónate”. Esas ideas que tan cómodas se han colocado en nuestras mentes nos hacen mucho daño. Echémoslas.

Y frío. Busquemos cómo calmar y ablandar nuestro ser. Como sea. Donde sea. Pero enfriemos la mente para salir de ésta.  Podremos. Lo haremos. 

Verónica E R 

domingo, 18 de mayo de 2014

Abandonada

Abandonada

Pelo enredado, rímel corrido de ayer, ojos hinchados...

Y se me escapa. Se me escapa de entre los dedos ese deseo de agarrar la realidad, de agarrar el aire, de atraparlo y hacerlo útil para mí misma. Se aleja el amor, el deseo, la pasión... las promesas que se hicieron, las promesas que me hirieron... todo ese desamor. Se va…

Se escapan, vuelan, brotan,lejos  ¿Dónde vais?... No puedo evitar que se alejen. Se hunden en mi pecho, me queman y duele mucho el deseo de ser amada versus el contraste de ser el blanco de la diana.

Te admira quien no te conoce. Te ignora quien un día te amó. Escuece la herida de ser menos cero.

"Sigue adelante", dicen... "Lo tienes todo.  Puedes lograrlo todo. Simplemente sonríe a la vida... " No, amigos. No funciona así.

Cada minuto una batalla. Cada momento de soledad una gran adversidad, una enorme oportunidad para morir... o renacer. El menos o el más. Todo o nada.

Y da miedo pensar que vamos sobreviviendo caminando en la cuerda floja. Da desconfianza tocar mi piel por si hace !zas! y me desvanezco. Da pavor pensar que vivo en equilibrio, línea recta o curva, qué más da, pero brazos en cruz, y que sea lo que ha de ser...


Si pudiera elegir...sin duda elegiría el camino fácil, sin baches, sin obstáculos, sin pasión,  sin peligro. Mas vivo en mi piel, pienso en mi mente, habito en mi ser para bien o para mal. 

Y así de borderline me expongo para ti; que no me quieres ni jamás me querrás. Así de borderline me abro ante ti, para que me entiendas. Así;  aturdida, fascinada, abandonada. Así de borderline me parto en dos a ver así me ves bien.

Verónica E. 


domingo, 27 de abril de 2014

DÉJALO IR.... (RE POST EN CARNE VIVA)

Sin  piel.
Nacimos sin piel
O nos la arrancaron.
O ambas cosas.

Las personas con trastorno límite de la personalidad somos como personas con quemaduras por todo el cuerpo, que al mínimo roce sienten un dolor inmenso. Solemos ser especialmente vulnerables, y durante una crisis extremadamente frágiles.

Sin piel y sin saber cómo o con qué cubrirnos agonizamos ante cualquier juicio, cualquier crítica. Cualquier mirada inocente la convertimos en amenazadora. Una palabra de apoyo entraría en nuestros oídos como agujas, y un abrazo podría ser fatal en un mal momento. Es muy complicado saber llevar nuestro trastorno, tanto desde dentro como fuera. He ahí que tendamos aislarnos y que nuestras relaciones interpersonales sean delicadas.  

Hay quien tiene suerte y crece entre vientos y brisas, como yo. Hay quien no tanto, y en carne viva se expone a torturas físicas y psicológicas desde niños, dentro y fuera del  hogar. Hay quien ha aprendido a recomponerse la piel día a día, como ahora hago yo con ayuda de profesionales terapias, apoyo y COMPROMISO DE CAMBIO por mi parte. Hay quien no puede, no sabe o simplemente no quiere cambiar la manera de vida que lleva.

¿Y de quién es la culpa? ¿Dónde están nuestras corazas? ¿Por qué nacimos sin ella o por qué nos las quitan? No importa. Es duro aceptarlo, pero el camino para salir del dolor extremo, del calor del infierno que vivimos en la más absoluta soledad de la incomprensión es en realidad no agarrarse a ese deseo que querer entenderlo, sino soltar... dejarlo ir. Seguir adelante con nuestra batalla, sea la que sea, sea como sea. Así hacen todos “ellos”, con o sin piel. No es fácil, pero no imposible. Y lo digo habiendo visto yo las mismísimas llamas del infierno. 

Haz un esfuerzo, déjalo ir. 


Verónica E. 

sábado, 26 de abril de 2014

Locura controlada


Locura controlada 

Genética, herencia, personalidad.... lo cierto es que no lo sé. Supongo que los que llevamos en nuestra mochila la  tendencia a sufrir TLP no superaremos la barrera de la "locura controlada" y puedo pecar de soberbia, pero en la mayoría de los casos no queremos ser del todo cuerdos. Somos "ellos" y "nosotros". 

Desde mi -no tan humilde- punto de vista distorsionada o cristalina según en qué lado del espejo te posiciones, pienso que el remedio reside en el amor, el perdón, en la tan difícil tarea de ACEPTAR, dejar ir los pensamientos que entran intrusos en la cabeza; con amabilidad, complicidad hacia uno mismo y con tus valores vitales. 


La cura está en ver con claridad que sólo tú tienes la llave, la clave para hacer de tu vida lo que tú quieras. La cura está en sentir amabilidad, que no pena,  hacia ti mismo cuando caes. Pena de los que no quieren abrir sus mentes para ser un poco locos, un poco libres, para ser niños y reír y correr y saltar sin sentido y sin miedo pues porque sí, porque eres así y no haces daño a nadie siendo quien eres. Pena no se los que se cortan la piel, si no de los que nos cortan las alas, de los que ME CORTAN las alas. Pena de los que te miran desde arriba y se ríen porque te creen perdida en este mundo de fieras. No señores, no estoy perdida. No tengo una vida perfecta. No tengo ni joyas ni palacios. Ni los quiero, ojo. Ansío la paz, y la estoy consiguiendo, pese a quien pese, dentro de mi locura, de mi controlada locura. Gracias M. A. Me das esa paz que merezco. 

Verónica E R 


domingo, 20 de abril de 2014

Marionetas en el armario RE POST

Marionetas en el armario

¿Han escuchado alguna vez la frase “cuidado con lo que deseas, pudiera hacerse realidad”?
                            ……

A Leila nadie la entiende. Se encierra en la despensa, rodeada de manjares exquisitos, pero dañinos para su salud. Allí cree ser feliz  a ratos. Al menos nadie la llama vaga o consentida. Allí está a solas con sus tentaciones. A solas con los flacos valores que le quedan.
Mira por la cerradura. “No hay moros en la costa. ¡Allá voy,  a por el mundo!. Hoy va a ser el día que rompa mi cascarón de huevo y salga a la luz. Hoy calzaré mis pies con botas de andar, y mi vulnerabilidad con casco de acero. 

“Mamá, necesito hablar contigo. Quiero contarles a los otros que sufro un trastorno mental. Sé que tú me apoyarás, porque soy tu hija y me quieres”

-          “Las cosas no son tan fáciles hija mía. Creo que el mundo no está preparado para aceptar que te cortas para llamar la atención, que no tienes ilusiones en la vida porque aún no maduraste y que eres tan terriblemente cobarde como para querer quitarte la vida. Hija mía, yo te comprendo y te amo más que a mí misma. Pero, ¿para qué enseñar los trapos sucios? Ven, dame un abrazo…”

Leila se quedó en un estado entre incredulidad y rabia. Obviamente, ni su propia madre sabía qué había detrás de esos intentos de suicidio. No sabía de la desesperación, de la culpa, de la voluntad desaparecida por tantos años de impotencia. Ni idea tenía su madre de que cuando se lesionaba el brazo sentía alivio, quemaba parte del dolor interno. Ni idea de la existencia de la mano que sujetaba las cuerdas, cual marioneta. No era ella, y sí lo era. Había una verdad oculta en todo aquello Pero, si su madre la juzgaba, ¿quién no lo haría?

“Bah, me quedo en mi despensa, me comeré y beberé el mundo a mi modo. Es imposible salir de aquí.

                                             …….

Nos quejamos del estigma, de los juicios, de la incomprensión... Pero preferimos encerrarnos en nuestro armario como la avestruz esconde su cabeza. ¿De veras nos compensa? 

Verónica E.